Nuevos Libros

No sé si como lectores les ha pasado que, cuando les gusta un autor, se obsesionen. A mí, cuando encuentro un autor que me gusta tengo que leer todo lo que haya escrito y estoy pendiente de cada obra nueva que publique. Hoy quiero hablar de los dos últimos que compré: primero, el libro más reciente de Zadie Smith. Swing Time, como el título sugiere, gira alrededor de la música. Es la historia de dos amigas (Tracey y una narradora sin nombre) que vienen de mundos diferentes, pero que se unen a través del baile. He leído varias obras de Zadie Smith, pero la que más me gustó es White teeth, su primera novela. Esta gira alrededor de dos familias en el Norte de Londres. Una es la familia de Archie, un inglés típico, su esposa Clara, una jamaiquina varios años menor que él, y su hija, Irie. La otra familia es la de Samad Iqbal, un bengalí musulmán (y antiguo compañero de armas de Archie), su esposa Alsana y sus hijos gemelos, Millat y Magid. A través de la historia de estas familias, Smith trata temas que se volverían recurrentes en sus siguientes obras tales como la inmigración, la raza y la identidad. Smith trata estos temas difíciles con mucho humor y con un gran manejo del lenguaje.

El otro libro es Moonglow, de Michael Chabon. Este libro, una saga familiar, levemente autobiográfica, ha recibido ya críticas muy elogiosas. De Chabon había leído The Yiddish Policemen Union y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay. El primero, aunque es un libro original y divertido, no me gustó tanto, pero el segundo, que le valió al autor el premio Pulitzer en 2001, me encantó. Kavalier y Clay son dos primos. El primero nació en Nueva York, el segundo llega a Estados Unidos desde Praga huyendo del nazismo. Clay, como todo buen americano, sueña con ser rico y famoso y se la pasa urdiendo planes para lograr este objetivo. Kavalier, por su parte, es un talentoso artista, entrenado en el arte del escapismo a lo Houdini. Los dos unen sus talentos para crear cómics. La novela es una historia sobre la ambición, la amistad y el amor, enmarcada en la época dorada de los cómics.

 

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Joel Dicker

Siguiendo con el tema de “autores que me gustaría conocer”, que mencioné en la entrada anterior, esta semana tuve la oportunidad de ver en una charla a Joel Dicker, autor de la aclamada novela La verdad sobre el caso de Harry Quebert (2012).

El autor estuvo en la librería Lerner, en Bogotá, presentando su última novela, El libro de los Baltimore (2015) y respondió preguntas sobre diversos temas.

Por ejemplo, una pregunta que yo me había hecho es ¿Por qué un autor suizo escribe novelas que transcurren en Estados Unidos? Tanto La verdad como El libro de los Baltimore tienen lugar en la costa este de Estados Unidos. Dicker explicó que la razón de esto es muy simple: conoce bien esta zona de Estados Unidos y le pareció mejor que la novela transcurriera en un sitio alejado, de manera que los lectores no lo relacionaran con Marcus Goldman, el protagonista de ambas obras. Pero, además, siente que los autores de su generación ya no tienen por qué estar anclados en su lugar de origen. Dicker ya no se define tanto suizo como europeo.

Por otro lado, es curioso que las dos novelas tengan al mismo narrador y protagonista. Dicker explicó que retomó el personaje de Marcus en El libro de los Baltimore porque sentía que aún no había contado toda su historia y que, a pesar de haber escrito más de seiscientas páginas desde su punto de vista, aún no sabía nada sobre él. Goldman, entonces, es un personaje que vive más allá de su autor. Incluso, cuando se le preguntó si Marcus aparecería en su próxima novela, el escritor confesó que lo ignora, ya que nunca planea sus libros antes de escribirlos.

Este personaje de Marcus Goldman lo llevó también al tema de la escritura. Al comienzo de El libro de los Baltimore, Marcus Goldman se define a sí mismo como “el escritor”.  Al igual que Marcus, Joel Dicker siempre supo que quería ser escritor.  Antes del éxito de La verdad (un thriller muy bien escrito que, por cierto, recomiendo con entusiasmo) Dicker había escrito seis novelas de las cuales solo una, Los últimos días de nuestros padres, tuvo algo de reconocimiento en Francia. Sin embargo, la idea de ser exitoso nunca fue su motivación para escribir novelas. Joel Dicker escribe sencillamente porque no se ve haciendo otra cosa.

Luego, habló sobre sus influencias y sus lecturas. Primero, mencionó la literatura francesa de la posguerra, a la que definió como una literatura donde el lenguaje es más importante que la historia. Otra gran influencia fue la literatura rusa que, por el contrario, consiste en dramas humanos que envuelven al lector hasta el punto de que uno ya no le importa quién es quién y se deja llevar por la historia. Por otro lado, Dicker confesó haber leído poca literatura latinoamericana, aunque conocía la obra de García Márquez: la describió como una literatura de los sentidos, llena de personajes que viven, sueñan y sufren. Todas estas influencias se pueden ver en sus novelas, que están llenas de referencias literarias a la vez que proponen tramas complejas y entretenidas, que atrapan al lector desde el primer párrafo.