Poe

Hoy se conmemora el nacimiento de uno de mis escritores favoritos: Edgar Allan Poe (19/01/1809-7/10/1849). Es uno de los grandes maestros del cuento y se le considera precursor de diversos géneros literarios como la ciencia ficción y los relatos detectivescos. Todavía hoy en día sus cuentos y poemas góticos tienen un gran impacto en diversos ámbitos culturales. Para que celebren su cumpleaños conmigo les dejo un corto de Tim Burton, inspirado en varios cuentos de Poe y narrado por otro gran maestro de lo macabro, Vincent Price.

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Islandia

Para mí, en Navidad sería ideal que todos, o casi todos, los regalos fueran libros. Es por eso que cuando oí hablar de la tradición islandesa de ‘Jólabókaflóð’o ‘inundación navideña de libros’, pensé que había encontrado la mejor manera de pasar las fiestas. Islandia es uno de los países más literarios del mundo. Se estima que por lo menos una de cada diez personas publicará un libro en algún momento de su vida y tienen el mayor número de libros leídos per cápita anualmente en el mundo.

Esta tradición navideña consiste en regalar libros en Nochebuena y pasar la noche con una bebida caliente leyéndolos; se remonta a finales de la segunda guerra mundial. En ese entonces, el papel era de las pocas cosas que no escaseaban por lo que los libros se volvieron una alternativa muy barata para regalar en estas fechas. Hoy en día, la tradición no solo se mantiene, sino que buena parte de la industria editorial gira alrededor de esta festividad. La feria del libro de Reikiavik da inicio al Jólabókaflóð, cuando se publica un catálogo con las novedades editoriales. Buena parte de los libros que se regalan en Nochebuena provienen de este catálogo.

 ¿Se imaginan? ¿Un país donde lo más valorado son los libros? Y dónde, además las fiestas decembrinas no tienen esa carga de consumismo superficial y vacuo, estrés, tráfico, mal genio, etc. Por el contrario, leer un buen libro nos permite tomarnos una pausa y tener un poco de paz. Así que, mientras ahorro lo suficiente para irme a Islandia, pienso adoptar esta tradición y regalar nuevos mundos e historias en forma de libros a mi familia y amigos.

Si quieren comenzar a celebrar Jólabókaflóð, les recomiendo la novela Rosa candida, de la autora islandesa Auður Ava Olafsdóttir. Es un libro muy bonito, con una escritura poética, que nos ofrece una reflexión sobre la familia, la identidad y la memoria.

Series y libros

 

Durante el fin de semana la serie “The Handmaid’s Tale” ganó el Emmy a mejor serie dramática. Esta serie, basada en la novela del mismo nombre escrita por Margaret Atwood en 1985 nos muestra un futuro distópico, donde las mujeres ya no son consideradas personas. No tienen ningún derecho a decidir sobre su vida o sus cuerpos y las que pueden tener hijos son esclavizadas y obligadas a entregarlos a la clase dirigente. La serie se destaca no solo por ser una muy buena adaptación, también tiene actuaciones conmovedoras y un impecable trabajo de cámara que logra transmitir la sensación de claustrofobia y pesimismo presente en la novela. El hecho de que haya ganado tiene, además, un claro mensaje político ya que esta obra volvió a ser relevante por el ambiente en Estados Unidos en los últimos meses, como se puede ver con las protestas llevadas a cabo por de mujeres vestidas como las “handmaids” (criadas) del libro. Aparte de esta serie, he estado viendo otra serie muy buena, basada en la novela de Neil Gaiman American Gods. Esta también nos muestra un Estados Unidos habitado por dioses decadentes y una sociedad en crisis.

Es interesante que tanto Gaiman como Atwood van a tener otras de sus obras adaptadas próximamente. Por un lado, se encuentra en producción “Good Omens”, con un tema apocalíptico también, pero desde una perspectiva más humorística (la novela, que Gaiman escribió en colaboración con Terry Pratchett, es uno de los libros más divertidos que he leído). Por otro lado, acaba de salir el tráiler de Alias Grace, una miniserie basada en la novela de Atwood de 1996, que se podrá ver pronto en Netflix.

Potterhead

Mañana, 31 de julio, Harry Potter cumplirá 37 años. Como muchos otros de mi generación, crecí con los libros de JK Rowling y siento que Harry Potter cambió mi vida en muchos sentidos. Me describo como una “potterhead” moderada. Es decir, he visto las películas varias veces, releí tanto El prisionero de Azkaban que las páginas comenzaron a caerse, tengo diferentes ediciones de los libros, en una época me registré en Pottermore y también sé a que casa pertenezco (Ravenclaw). Sin embargo, nunca me disfracé para el lanzamiento de un libro ni asistí a funciones de medianoche y no he visitado ninguno de los parques temáticos (aunque esto, he de admitir, no es por falta de interés). Ahora, a 20 años de la publicación del primer libro el universo creado por JK Rowling está lejos de agotarse: recientemente se anunciaron dos nuevos libros que serán publicados en octubre, acompañados de la exposición en la British Library. Pero mi relación con el universo de Harry Potter se ha vuelto algo… complicada.

Por un lado, recientemente comencé a oír un Podcast llamado “Harry Potter and the Sacred text”. Creí que ya no tenía nada por descubrir sobre el universo creado por JK Rowling, pero me equivoqué. El podcast ofrece una lectura capítulo por capítulo de cada uno de los libros, interesándose por los aspectos simbólicos del texto, mostrando la cuidadosa planeación que hay detrás de su escritura. Además, cada episodio se basa en anécdotas y experiencias tanto de los locutores como de fanáticos en varias partes del mundo. El podcast muestra el profundo impacto que Harry Potter sigue teniendo en la vida de miles de personas y la complejidad del texto y me ofreció una nueva lectura de los libros. De igual manera, tuve la oportunidad de asistir a una función especial donde proyectaron la primera película, acompañada de una orquesta en vivo. Fue una experiencia única, donde compartí con otros fanáticos la emoción de ver a Harry descubrir que es un mago como si fuera la primera vez.

Pero, por otro lado, últimamente también he sentido que se está sobre explotando la magia de Harry Potter. El año pasado, por ejemplo, compré el último libro de Harry Potter: Harry Potter and the Cursed Child. Esperaba reencontrarme con los personajes que tanto quería y una nueva e interesante historia. Pero me encontré en realidad con ideas poco imaginativas, trilladas, pero lo peor (a mi parecer) fue que está mal escrito. Debo aclarar que no es una novela, sino una obra de teatro, por lo que tal vez funcione mejor en un escenario. Sin embargo, creo que la principal falla es que JK Rowling no lo escribió, solo lo supervisó y eso se nota. Este también es el caso de los dos nuevos libros, por lo que me temo otra decepción.

A esto se le suman otros elementos, como las películas de Fantastic Beasts. Aunque la primera me gustó, en especial porque explora nuevos aspectos de la magia, también me preocupa que vayan a ser cinco películas y que terminen por agotar definitivamente el universo de Harry Potter. Así que me preguntó si no será mejor preservar los recuerdos que tengo de la saga original y alejarme antes de que eso pase.

Feria del libro

Hace una semana finalizó la feria del libro de Bogotá. Como muchos lectores, creo que lo más parecido al paraíso son las ferias del libro. Te ofrecen la posibilidad de conocer escritores, encontrar libros raros y (ante todo) comprar muchos libros y en descuento.

En la realidad, sin embargo, las ferias suelen ser aglomeraciones de personas, hordas de estudiantes que están más interesados en juguetes y afiches que en libros, comida cara y libros aún más caros.

Estas incomodidades las anticipo y las acepto. Sé que para encontrar ese libro que hace que todo valga la pena voy a tener que armarme de paciencia, evitar la muchedumbre y estar dispuesta a dar vueltas y más vueltas.

Lo que no puedo aceptar es que el pabellón de Francia, invitado de honor de este año, haya sido tan decepcionante. Desde antes de que comenzara la Feria había leído en varios periódicos y revistas que el pabellón iba a ser una maravilla, con cientos de libros traídos directamente de Francia, un café parisino y un espacio destinado a cómics y libros para niños.

Lo que encontré, en cambio, fue un hangar poco acogedor con una selección desorganizada de libros y muchos que ni siquiera eran de autores franceses. Por ejemplo, había una selección desproporcionada de libros de Coetzee. Sí, es un buen escritor y uno de los invitados más ilustres de la Feria este año pero ¿por qué tener libros de él en el pabellón de Francia si se podían conseguir en casi cualquier otro stand? (repito: invitado de honor). Entre los libros de autores franceses había dos categorías: best sellers (Houellebecq a la lata) y algunos clásicos escogidos sin orden ni concierto. Pero lo peor, para mí, fue la falta de libros en francés. Esa era mi gran ilusión. Los que vivimos en este país sabemos lo difícil que es conseguir libros en otros idiomas a buen precio (que no sean en inglés y aún así, pero este es tema de otro post).

Algunas librerías independientes han hecho esfuerzos por traer libros en francés, pero todavía no es fácil (ni barato) conseguirlos. Así pues, cuando supe que el invitado de honor iba a ser Francia me imaginé hileras de libros en francés, tanto clásicos como autores nuevos, desconocidos. Y no solo novelas, también filosofía, historia… En realidad, solo había unos cuantos ejemplares refundidos entre los anaqueles.

Entiendo que el propósito del pabellón fuera acercar el público colombiano a esa literatura y que no muchos leen en francés, pero con que tuvieran reservado el 10% o el 20% habría sido más que suficiente. Pero no. El único libro en francés que conseguí fue la novela gráfica de “L’arabe moderne” (libro que les recomiendo, por cierto) pero tampoco en novela gráfica había mucho aparte de Asterix y Tintín (que es belga, cabe anotar).

Con todo esto, no quiero decir que la feria haya sido una pérdida de tiempo. Entre los stands de editoriales y librerías independientes encontré varias joyas y me fui a mi casa contenta a pesar de todo.

Chimamanda Ngozie, inmigración e identidad.

En marzo la novela Americanah, de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozie Adichie ganó el concurso “One book, One New York”. Esta es una iniciativa que propone la lectura de un libro de manera simultánea en la ciudad de Nueva York, acompañado de una serie de eventos. Es curioso que el libro de una escritora nigeriana le haya ganado a libros emblemáticos como Un árbol crece en Brooklyn, pero, teniendo en cuenta que de los libros propuestos muchos son de inmigrantes, esta elección nos recuerda que Nueva York es una ciudad no solo habitada sino también narrada por inmigrantes.

El libro de Chimamanda comienza con Ifemelu, una mujer nigeriana que está a punto de dejar Estados Unidos para regresar a su país. El libro se mueve entre el pasado y el presente, mientras Ifemelu recuerda su vida y las razones que la llevaron a irse de Nigeria. En especial, Ifemelu recuerda a su novio de adolescencia, Obinze.

El libro trata de temas como la identidad. Ifemelu está constantemente entre dos culturas. En Estados Unidos descubrió la realidad detrás del sueño americano y tuvo que lidiar con el problema de la raza y la identidad. A los recuerdos de Ifemelu se intercalan entradas de su blog donde examina el racismo en Estados Unidos. Como ella misma lo dice, antes de vivir en Estados Unidos no tenía conciencia de la raza. Pero allí descubre que todos están obsesionados por clasificarse, por identificarse, por medio de la raza y el color de piel. En su blog, ella analiza el lenguaje, los estereotipos de belleza, etc. a la vez que se reconcilia con su propia identidad. Algunos consideran que estos pasajes no aportan mucho a la novela y se sienten forzados. A mí me pareció que sí son interesantes así a veces fueran un poco repetitivos.

Volviendo al tema de la identidad, “Americanah” es el término que usan en Nigeria para referirse a los que se fueron a estudiar o trabajar en Estados Unidos y regresan “americanizados”. Son, por lo tanto, personas entre dos mundos, rechazados (y admirados a la vez) por sus compatriotas.

Obinze, el otro personaje central de la novela, sirve de contrapunto a la voz de Ifemelu. A los capítulos centrados en Ifemelu se intercalan los capítulos narrados por él. Obinze siempre soñó con irse a Estados Unidos, pero no lo logra. En cambio, termina en Londres, donde conoce la realidad de los inmigrantes sin papeles, la incertidumbre y la miseria. Las historias de Ifemelu y Obinze nos muestran dos caras de la inmigración, pero tienen en común que los muestran como personas entre dos mundos, que no terminan de encontrar su lugar.

Un último tema que me parece interesante en este libro es la feminidad. Al reconciliarse con su raza, Ifemelu también se reconcilia con lo femenino. Este tema es muy importante para Chimamanda Ngozie. La autora también es reconocida por su defensa del feminismo, especialmente en la TED talk “We should all be feminists”, donde analiza el problema del machismo en Nigeria. Según Ngozie, la sociedad nigeriana es todavía muy tradicional y le da mucha importancia al matrimonio y la maternidad para las mujeres. Ifemelu en este sentido no es tradicional, se opone a este modelo, lo que también muestra lo alienada que está dentro de la sociedad nigeriana.

Les dejo una entrevista con la autora y el vídeo de la TED talk.

http://www.huffingtonpost.com/entry/chimamanda-ngozi-adichie-americanah-one-book-one-new-york_us_58cab8fae4b0be71dcf23455

 

 

 

Nuevos Libros

No sé si como lectores les ha pasado que, cuando les gusta un autor, se obsesionen. A mí, cuando encuentro un autor que me gusta tengo que leer todo lo que haya escrito y estoy pendiente de cada obra nueva que publique. Hoy quiero hablar de los dos últimos que compré: primero, el libro más reciente de Zadie Smith. Swing Time, como el título sugiere, gira alrededor de la música. Es la historia de dos amigas (Tracey y una narradora sin nombre) que vienen de mundos diferentes, pero que se unen a través del baile. He leído varias obras de Zadie Smith, pero la que más me gustó es White teeth, su primera novela. Esta gira alrededor de dos familias en el Norte de Londres. Una es la familia de Archie, un inglés típico, su esposa Clara, una jamaiquina varios años menor que él, y su hija, Irie. La otra familia es la de Samad Iqbal, un bengalí musulmán (y antiguo compañero de armas de Archie), su esposa Alsana y sus hijos gemelos, Millat y Magid. A través de la historia de estas familias, Smith trata temas que se volverían recurrentes en sus siguientes obras tales como la inmigración, la raza y la identidad. Smith trata estos temas difíciles con mucho humor y con un gran manejo del lenguaje.

El otro libro es Moonglow, de Michael Chabon. Este libro, una saga familiar, levemente autobiográfica, ha recibido ya críticas muy elogiosas. De Chabon había leído The Yiddish Policemen Union y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay. El primero, aunque es un libro original y divertido, no me gustó tanto, pero el segundo, que le valió al autor el premio Pulitzer en 2001, me encantó. Kavalier y Clay son dos primos. El primero nació en Nueva York, el segundo llega a Estados Unidos desde Praga huyendo del nazismo. Clay, como todo buen americano, sueña con ser rico y famoso y se la pasa urdiendo planes para lograr este objetivo. Kavalier, por su parte, es un talentoso artista, entrenado en el arte del escapismo a lo Houdini. Los dos unen sus talentos para crear cómics. La novela es una historia sobre la ambición, la amistad y el amor, enmarcada en la época dorada de los cómics.