Visita a la exposición “Voces intimas, retratos e imágenes de mujeres artistas”:

La exposición (en el Museo Nacional de Bogotá) propone una selección de obras de varias artistas colombianas del siglo XX y XIX. La exposición incluye cuadros de artistas aclamadas como Débora Arango, que revolucionó a la sociedad colombiana con sus desnudos femeninos, así como esculturas, cuadros y vídeos, alrededor de diferentes ejes tales como: el hogar, el cuerpo, el deseo y los diarios.

Aunque fue interesante ver como, con técnicas y estilos variados, las diferentes artistas abordaron estos temas, me parece que faltó darles más contexto a las obras presentadas. Lo noté, en especial, en la sección de los diarios que presentaba los textos de la escritora Soledad Acosta (1833-1913).

La escritura de diarios era una práctica común entre las jóvenes de la burguesía europea pero no tanto en Colombia, donde el analfabetismo era alto entre las mujeres, incluso las de clase media y alta. La escritura femenina era mal vista por muchos ya que se pensaba que distraía a las mujeres de su papel de madres y esposas.

Los diarios de Soledad Acosta son, por lo tanto, un raro testimonio de la vida de una joven bogotana del siglo XIX. También son un registro detallado de sus lecturas y reflexiones filosóficas acerca del amor, la sociedad, la condición de la mujer, etc. Acosta tuvo una educación privilegiada para su época (estudió en Francia y hablaba varios idiomas). Fue periodista y escribió numerosas novelas y cuadros de costumbres. Me parece que en la exposición se podría haber mostrado mejor la singularidad de estos diarios.

The Sympathizer

La primera novela de Viet Thanh Nguyen, The Sympathizer, ha recibido numerosos premios desde su publicación, entre ellos el premio Pulitzer ficción 2016.

El libro comienza con la caída de Saigón. En 1975, después de más de una década de guerra, las tropas de USA se ven forzadas a retirarse y los comunistas toman el poder. Este episodio es narrado por un espía comunista en una confesión que se ve forzado a escribirle a sus superiores. Este narrador, que permanecerá anónimo a lo largo de la novela, también es el hombre de confianza de un general del ejército vietnamita que fue forzado a exiliarse en Estados Unidos cuando los comunistas se tomaron el poder. Es, por lo tanto, un testigo privilegiado de los acontecimientos históricos.

La guerra de Vietnam duró 20 años y causó millones de muertos y miles de desaparecidos. Tuvo un fuerte impacto en la cultura estadounidense, siendo fuente de inspiración para numerosas películas y libros. Pero la visión que solemos tener de ella es desde un punto de vista del héroe estadounidense: se muestra a los soldados norteamericanos salvando al mundo de la amenaza del comunismo y los vietnamitas son solo actores secundarios.

Lo que llama la atención de este libro es que cuenta la historia desde otro punto de vista. Les da una voz a los vietnamitas y nos permite saber cómo vivieron la guerra, cómo los afectó. Nos da una perspectiva distinta del conflicto y de la historia de Vietnam.

Sin embargo, el narrador no es confiable. Su condición de espía no es resultado de una postura ideológica, si no de simple oportunismo, como él mismo lo confiesa. Desde las primeras líneas de la novela, el protagonista también nos dice que siempre se le ha facilitado ver las dos caras de la moneda. Nació en Vietnam, pero es hijo ilegitimo de un sacerdote francés y luego fue educado en Estados Unidos, por lo que siempre se movió entre dos mundos: Oriente y Occidente. Alaba las oportunidades, las comodidades que ofrece Occidente pero también crítica la decadencia y la hipocresía.

Al igual que su narrador anónimo, Viet Thanh Guyen sabe cómo es vivir entre dos mundos. Hijo de inmigrantes vietnamitas, creció en San José, California, adonde llegó cuando tenía 4 años. No volvería a Vietnam hasta casi treinta años después. Sin embargo, siempre estuvo rodeado de las historias de la guerra, las muertes y las ausencias. Este libro es un intento de reconstruir su pasado y narrar esas historias. Según el autor, es un libro sobre la rabia y el dolor: quiere denunciar el papel que jugó Estados Unidos en la guerra, a la vez que busca mostrar el racismo y los prejuicios que tuvieron que sufrir los inmigrantes vietnamitas en un país que no los recibió como ellos esperaban cuando llegaron allí huyendo de la guerra.

Bloomsday

Esta semana, el 16 de junio, los fanáticos de Joyce celebramos el “Bloomsday”, conmemorando la travesía de Leopold Bloom, el protagonista de Ulises. Se hacen celebraciones en Dublín, la ciudad natal de Joyce, pero también otras ciudades alrededor del mundo como París, donde la librería Shakespeare and Co publicó la primera edición de la novela en 1922.

Ulises se considera un libro difícil y denso pero no es inaccesible. Yo lo leí hace un par de años. Ya había tratado de leerlo un par de veces antes y había fracasado. Cuando finalmente pude leerlo fue porque tuve la suerte de participar en un grupo de lectura dictado por un profesor de origen irlandés. Esto no solo me permitió entender referencias y chistes locales; también tuvo la ventaja de que nuestro guía nos leía algunos pasajes. Uno de los pilares del estilo de Joyce es la oralidad. Leyendo Ulises en voz alta se hacen notorios los juegos de palabras y el humor ácido, irreverente del autor, así como el ritmo desenfrenado que va llevando al lector.

La oralidad de la obra hace que sea necesaria una buena traducción. Muchos consideran que las obras de Joyce (Ulises y Finnegan’s Wake principalmente) son de los libros más difíciles de traducir. En español recomiendo la de Tortosa y la de Valverde, que fue la que yo leí en editorial Lumen.

Dejo un artículo de Keri Walsh (en inglés) para los que deseen profundizar en el tema de la traducción: http://lithub.com/the-horrors-and-pleasures-of-translating-ulysses/