Joel Dicker

Siguiendo con el tema de “autores que me gustaría conocer”, que mencioné en la entrada anterior, esta semana tuve la oportunidad de ver en una charla a Joel Dicker, autor de la aclamada novela La verdad sobre el caso de Harry Quebert (2012).

El autor estuvo en la librería Lerner, en Bogotá, presentando su última novela, El libro de los Baltimore (2015) y respondió preguntas sobre diversos temas.

Por ejemplo, una pregunta que yo me había hecho es ¿Por qué un autor suizo escribe novelas que transcurren en Estados Unidos? Tanto La verdad como El libro de los Baltimore tienen lugar en la costa este de Estados Unidos. Dicker explicó que la razón de esto es muy simple: conoce bien esta zona de Estados Unidos y le pareció mejor que la novela transcurriera en un sitio alejado, de manera que los lectores no lo relacionaran con Marcus Goldman, el protagonista de ambas obras. Pero, además, siente que los autores de su generación ya no tienen por qué estar anclados en su lugar de origen. Dicker ya no se define tanto suizo como europeo.

Por otro lado, es curioso que las dos novelas tengan al mismo narrador y protagonista. Dicker explicó que retomó el personaje de Marcus en El libro de los Baltimore porque sentía que aún no había contado toda su historia y que, a pesar de haber escrito más de seiscientas páginas desde su punto de vista, aún no sabía nada sobre él. Goldman, entonces, es un personaje que vive más allá de su autor. Incluso, cuando se le preguntó si Marcus aparecería en su próxima novela, el escritor confesó que lo ignora, ya que nunca planea sus libros antes de escribirlos.

Este personaje de Marcus Goldman lo llevó también al tema de la escritura. Al comienzo de El libro de los Baltimore, Marcus Goldman se define a sí mismo como “el escritor”.  Al igual que Marcus, Joel Dicker siempre supo que quería ser escritor.  Antes del éxito de La verdad (un thriller muy bien escrito que, por cierto, recomiendo con entusiasmo) Dicker había escrito seis novelas de las cuales solo una, Los últimos días de nuestros padres, tuvo algo de reconocimiento en Francia. Sin embargo, la idea de ser exitoso nunca fue su motivación para escribir novelas. Joel Dicker escribe sencillamente porque no se ve haciendo otra cosa.

Luego, habló sobre sus influencias y sus lecturas. Primero, mencionó la literatura francesa de la posguerra, a la que definió como una literatura donde el lenguaje es más importante que la historia. Otra gran influencia fue la literatura rusa que, por el contrario, consiste en dramas humanos que envuelven al lector hasta el punto de que uno ya no le importa quién es quién y se deja llevar por la historia. Por otro lado, Dicker confesó haber leído poca literatura latinoamericana, aunque conocía la obra de García Márquez: la describió como una literatura de los sentidos, llena de personajes que viven, sueñan y sufren. Todas estas influencias se pueden ver en sus novelas, que están llenas de referencias literarias a la vez que proponen tramas complejas y entretenidas, que atrapan al lector desde el primer párrafo.

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Virginia Woolf en Manhattan, reseña

La semana pasada, el miércoles 25 de enero, se celebraron 135 años del nacimiento de Virginia Woolf. Esta escritora británica es reconocida por obras pioneras del feminismo como Una habitación propia (1929), donde defendió el derecho de las mujeres a trabajar y a llevar una vida productiva. También escribió varias novelas como Mrs Dalloway (1925) y Orlando (1928). Hacía parte del llamado grupo Bloomsbury conformado por intelectuales y artistas. Para aquellos que les interesa saber un poco más de esta escritora recomiendo ver este homenaje ilustrado a su vida (en inglés) https://www.brainpickings.org/2016/04/12/virginia-woolf-alkayat-cosford/

Cuando me preguntan qué escritores, vivos o muertos, me gustaría conocer, Virginia Woolf está entre las primeras de la lista.

Esta premisa y la pregunta de ¿qué pasaría si Virginia Woolf volviera a la vida hoy en día? son las que dan origen a la novela de Maggie Gee, Virginia Woolf en Manhattan.

Ángela Lamb, escritora y académica especializada en Virginia Woolf viaja a New York con la idea de revisar los archivos de la escritora en la “Berg Collection”. Y allí, de repente, Virginia Woolf se aparece ante ella. Después de unos momentos de confusión, Ángela la reconoce y pasan un día en Manhattan mirando escaparates de librerías.

Terminan viajando juntas a Estambul a una conferencia internacional sobre… Virginia Woolf. Ángela pronto descubre que su ídolo es bastante diferente de la imagen que se había hecho de ella (como, supongo, nos ha pasado a varios lectores cuando conocemos a nuestros autores favoritos). Por un lado, hay un choque cultural y temporal: a Virginia Woolf le desconciertan muchas cosas modernas. Por ejemplo, no entiende por qué es tratada con familiaridad por Ángela. Por otro lado, Ángela, con la arrogancia que caracteriza a algunos académicos, no tolera que Virginia se aleje de la imagen que se había hecho de ella. Le parece anticuada

En paralelo a esta historia tenemos la de Gerda, la hija de Ángela, que se sentía abandonada por su madre, se escapa del colegio y vive toda clase de aventuras.

La novela está narrada a través de las voces intercaladas de estas tres mujeres, muy distintas entre sí.

No es una novela perfecta, me parece que la trama de Gerda a veces se alarga demasiado, distrayendo al lector de la historia de Ángela y Virginia. También me parece que a veces Virginia Woolf parece superficial, caricaturesca incluso. Sin embargo, también es bueno verla alejada de la típica imagen de locura y suicidio. Si han leído sus obras, es notorio el humor que ella manejaba, la sátira social.

La novela de Maggie Gee es diferente y es una lectura entretenida tanto para los que ya conocen (y admiran) a Virginia Woolf como para aquellos que apenas han oído hablar de ella. La novela también explora distintos temas como las relaciones entre mujeres, la literatura, el amor y la muerte.

Patti Smith y el Arte, reseña

El año pasado, por primera vez, el premio Nobel de literatura fue concedido a un cantautor: Bob Dylan. Dylan no estuvo en la ceremonia de premiación. En su lugar, la cantante y poeta Patti Smith interpretó una emotiva versión de “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, de Dylan. Su emoción es tal que se le quiebra la voz y debe interrumpirse. Al final, el público también está conmovido, algunos lloran sin disimulo.

Después de ver este concierto quise saber más de Patti Smith. Había oído hablar de ella y leído fragmentos de su poesía, pero sabía muy poco sobre su vida así que busqué su libro de memorias Just Kids. Este libro es su autobiografía, así como un conmovedor manifiesto artístico. Smith nos narra su infancia marcada por la pobreza y la enfermedad en New Jersey y el comienzo de su carrera artística en Nueva York.

Patti Smith llegó a Nueva York en 1967, sin dinero y apenas con la ropa que tenía puesta, pero con la convicción de convertirse en una artista como sus ídolos: Rimbaud y Bob Dylan. El libro es, entonces, una ventana a la agitada vida cultural de Nueva York a finales de los 60 y comienzos de los 70. Smith, por ejemplo, describe esta escena habitual en un bar al que iba con cierta frecuencia:

“En la mesa a mi izquierda, Janis Joplin celebraba corte con su banda. A mi derecha estaba Grace Slick y los Jefferson Airplane, junto con miembros de Country Joe and the Fish. En la última mesa de cara a la puerta estaba Jimi Hendrix, con la cabeza agachada, comiendo con su sombrero puesto, enfrente de una mujer rubia”.

Este bar queda enfrente del famoso Chelsea Hotel, dónde Patti Smith y su novio Robert Mapplethorpe vivieron unos meses. Este hotel es el lugar mítico donde murió el poeta Dylan Thomas y que, a lo largo del siglo XX, fue hogar de innumerables actores, artistas y músicos. Era un refugio para los artistas desposeídos (el hotel aceptaba que los huéspedes pagaran con obras de arte) y un lugar de encuentro, de puertas abiertas.

El libro también es una carta de amor, dedicado a Robert, un artista que como ella estaba en una intensa búsqueda estética. Ellos dos tuvieron una larga y tumultuosa relación. Se apoyaban, se ayudaban en sus proyectos artísticos, en las dificultades (económicas y de salud); se separaron y reencontraron varias veces.

A pesar de todas las dificultades que enfrentaron Patti y Robert, ellos se mantenían siempre inocentes y optimistas, tal y como lo refleja el título: como niños. Estaban convencidos de que el arte siempre triunfa, ser un artista es lo más importante. Smith es también consciente del trabajo que conlleva ser un artista, habla de sus influencias e inspiraciones, de la reescritura obsesiva de sus poemas. Esto la llevaría a grabar, finalmente, su icónico disco Horses (1975), que lanzaría su carrera artística y le daría fama internacional.

Visita a la exposición “Voces intimas, retratos e imágenes de mujeres artistas”:

La exposición (en el Museo Nacional de Bogotá) propone una selección de obras de varias artistas colombianas del siglo XX y XIX. La exposición incluye cuadros de artistas aclamadas como Débora Arango, que revolucionó a la sociedad colombiana con sus desnudos femeninos, así como esculturas, cuadros y vídeos, alrededor de diferentes ejes tales como: el hogar, el cuerpo, el deseo y los diarios.

Aunque fue interesante ver como, con técnicas y estilos variados, las diferentes artistas abordaron estos temas, me parece que faltó darles más contexto a las obras presentadas. Lo noté, en especial, en la sección de los diarios que presentaba los textos de la escritora Soledad Acosta (1833-1913).

La escritura de diarios era una práctica común entre las jóvenes de la burguesía europea pero no tanto en Colombia, donde el analfabetismo era alto entre las mujeres, incluso las de clase media y alta. La escritura femenina era mal vista por muchos ya que se pensaba que distraía a las mujeres de su papel de madres y esposas.

Los diarios de Soledad Acosta son, por lo tanto, un raro testimonio de la vida de una joven bogotana del siglo XIX. También son un registro detallado de sus lecturas y reflexiones filosóficas acerca del amor, la sociedad, la condición de la mujer, etc. Acosta tuvo una educación privilegiada para su época (estudió en Francia y hablaba varios idiomas). Fue periodista y escribió numerosas novelas y cuadros de costumbres. Me parece que en la exposición se podría haber mostrado mejor la singularidad de estos diarios.

The Sympathizer

La primera novela de Viet Thanh Nguyen, The Sympathizer, ha recibido numerosos premios desde su publicación, entre ellos el premio Pulitzer ficción 2016.

El libro comienza con la caída de Saigón. En 1975, después de más de una década de guerra, las tropas de USA se ven forzadas a retirarse y los comunistas toman el poder. Este episodio es narrado por un espía comunista en una confesión que se ve forzado a escribirle a sus superiores. Este narrador, que permanecerá anónimo a lo largo de la novela, también es el hombre de confianza de un general del ejército vietnamita que fue forzado a exiliarse en Estados Unidos cuando los comunistas se tomaron el poder. Es, por lo tanto, un testigo privilegiado de los acontecimientos históricos.

La guerra de Vietnam duró 20 años y causó millones de muertos y miles de desaparecidos. Tuvo un fuerte impacto en la cultura estadounidense, siendo fuente de inspiración para numerosas películas y libros. Pero la visión que solemos tener de ella es desde un punto de vista del héroe estadounidense: se muestra a los soldados norteamericanos salvando al mundo de la amenaza del comunismo y los vietnamitas son solo actores secundarios.

Lo que llama la atención de este libro es que cuenta la historia desde otro punto de vista. Les da una voz a los vietnamitas y nos permite saber cómo vivieron la guerra, cómo los afectó. Nos da una perspectiva distinta del conflicto y de la historia de Vietnam.

Sin embargo, el narrador no es confiable. Su condición de espía no es resultado de una postura ideológica, si no de simple oportunismo, como él mismo lo confiesa. Desde las primeras líneas de la novela, el protagonista también nos dice que siempre se le ha facilitado ver las dos caras de la moneda. Nació en Vietnam, pero es hijo ilegitimo de un sacerdote francés y luego fue educado en Estados Unidos, por lo que siempre se movió entre dos mundos: Oriente y Occidente. Alaba las oportunidades, las comodidades que ofrece Occidente pero también crítica la decadencia y la hipocresía.

Al igual que su narrador anónimo, Viet Thanh Guyen sabe cómo es vivir entre dos mundos. Hijo de inmigrantes vietnamitas, creció en San José, California, adonde llegó cuando tenía 4 años. No volvería a Vietnam hasta casi treinta años después. Sin embargo, siempre estuvo rodeado de las historias de la guerra, las muertes y las ausencias. Este libro es un intento de reconstruir su pasado y narrar esas historias. Según el autor, es un libro sobre la rabia y el dolor: quiere denunciar el papel que jugó Estados Unidos en la guerra, a la vez que busca mostrar el racismo y los prejuicios que tuvieron que sufrir los inmigrantes vietnamitas en un país que no los recibió como ellos esperaban cuando llegaron allí huyendo de la guerra.

Bloomsday

Esta semana, el 16 de junio, los fanáticos de Joyce celebramos el “Bloomsday”, conmemorando la travesía de Leopold Bloom, el protagonista de Ulises. Se hacen celebraciones en Dublín, la ciudad natal de Joyce, pero también otras ciudades alrededor del mundo como París, donde la librería Shakespeare and Co publicó la primera edición de la novela en 1922.

Ulises se considera un libro difícil y denso pero no es inaccesible. Yo lo leí hace un par de años. Ya había tratado de leerlo un par de veces antes y había fracasado. Cuando finalmente pude leerlo fue porque tuve la suerte de participar en un grupo de lectura dictado por un profesor de origen irlandés. Esto no solo me permitió entender referencias y chistes locales; también tuvo la ventaja de que nuestro guía nos leía algunos pasajes. Uno de los pilares del estilo de Joyce es la oralidad. Leyendo Ulises en voz alta se hacen notorios los juegos de palabras y el humor ácido, irreverente del autor, así como el ritmo desenfrenado que va llevando al lector.

La oralidad de la obra hace que sea necesaria una buena traducción. Muchos consideran que las obras de Joyce (Ulises y Finnegan’s Wake principalmente) son de los libros más difíciles de traducir. En español recomiendo la de Tortosa y la de Valverde, que fue la que yo leí en editorial Lumen.

Dejo un artículo de Keri Walsh (en inglés) para los que deseen profundizar en el tema de la traducción: http://lithub.com/the-horrors-and-pleasures-of-translating-ulysses/